Hay días de viaje que se viven con los pies en la tierra y otros que, literalmente, empiezan en el aire. El día 5 en Nazca de nuestra ruta de 21 días en Perú fue de esos que concentran muchísimo en pocas horas: madrugón, uno de los momentos más esperados del viaje, historia, calor del desierto y un bus nocturno que nos llevaba directos al siguiente gran destino.

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Dormimos en Nasca Travel One Hostel, un alojamiento sencillo pero muy práctico para este tipo de jornada. El check-out era a las 11:00 de la mañana, aunque ya sabíamos que ese detalle no iba a ser ningún problema porque nos dejarían guardar las mochilas hasta la salida del bus nocturno. Un alivio cuando tienes el día completamente organizado y no quieres ir cargando con todo.

El despertador sonó antes de lo que nos habría gustado, pero la emoción pudo más que el sueño. A las 08:00 nos recogieron en el hotel para una de esas experiencias que llevas apuntadas en la lista desde que empiezas a soñar con el viaje a Perú, el vuelo en avioneta sobre las Líneas de Nazca.

Sinceramente, yo estaba cagadísima y no me hacía mucha gracia. Pero ahora mismo puedo confirmar que fue una de las cosas que más disfruté del viaje y que recuerdo con más cariño. Aunque mi tripa no diga lo mismo.

Volamos con AeroNasca, en un trayecto de unos 45 minutos, suficiente para que el corazón vaya a mil y la cabeza intente procesar lo que estás viendo. El precio fue de 80€ por persona, e incluía el vuelo panorámico, chaleco salvavidas y un piloto-guía que iba avisando de cada figura.

No voy a extenderme demasiado aquí porque este vuelo merece un post propio con calma, consejos y detalles prácticos, pero sí diré una cosa, por muy vistas que tengas las imágenes, nada te prepara para el momento en el que empiezas a distinguir las líneas desde el aire. El contraste con el desierto, la precisión de los trazos y la sensación de estar viendo algo único hacen que se te olvide el ligero nerviosismo de las avionetas pequeñas.

Entre figuras, giros, algunos más intensos que otros, y miradas cómplices de ¿estás viendo lo mismo que yo?, el vuelo se pasa volando. Literalmente.

Después de tanta información, el cuerpo pedía comida. Fuimos a Rico Pollo, un sitio sencillo pero muy local, donde comimos anticuchos y un lomo saltado que nos devolvió la energía al instante. Nada sofisticado, pero riquísimo y perfecto para seguir el día.

A las 13:00 nos recogió Ricardo, nuestro guía para la visita al Cementerio de Chauchilla, los Acueductos y Cahuachi. Dimos con él gracias al blog de Viajeros Callejeros, y fue todo un acierto.

El tour duró unas 3 o 4 horas y costó 306 soles por persona, incluyendo transporte privado, entradas y guía local. Desde el primer momento se nota cuando alguien disfruta explicando su tierra, contexto histórico, anécdotas y explicaciones claras que hacen que cada parada tenga sentido.

El Cementerio de Chauchilla impresiona. No es un lugar fácil, pero sí muy necesario para entender la historia preincaica de la zona. Momias, restos arqueológicos y el silencio del desierto crean una atmósfera que te deja pensando durante un buen rato.

Después visitamos los acueductos, una auténtica lección de ingeniería antigua que sigue funcionando hoy en día, y Cahuachi, antiguo centro ceremonial, donde empiezas a conectar puntos entre las líneas, el entorno y la cultura que habitó esta zona hace siglos.

Una de las opciones para la tarde era visitar el Planetario María Reiche, en el Hotel Nazca Lines, con función en español a las 18:00. La experiencia dura unos 45 minutos y cuesta 25 soles por persona, centrada en la relación astronómica y cultural de las Líneas de Nazca.

Nosotros decidimos no hacerlo, más por cansancio acumulado que por falta de interés, pero lo dejo como alternativa porque es una opción muy bien valorada si te apetece cerrar el día con algo más tranquilo y diferente.

Este día no cenamos como tal. En lugar de eso, por la noche volvimos a Rico Pollo, esta vez con un único objetivo, la tarta tres leches. Y fue, sin exagerar, increíble. Esponjosa, dulce en su justa medida y perfecta como despedida gastronómica de Nazca.

A veces los mejores recuerdos de un viaje no son los grandes monumentos, sino esos pequeños momentos improvisados.

A las 22:30 de la noche tocaba seguir ruta. Nuestro bus nocturno con Cruz del Sur salía con destino Arequipa. El trayecto estimado era de unas 10 horas, en servicio Suite, con asientos asignados.

El precio fue de 150 soles por persona, una opción muy cómoda para un trayecto largo. Ya sabíamos que esa noche nuestra cama sería un asiento reclinable, así que llevábamos preparados snacks, agua, almohada de viaje y ropa de abrigo porque no veas cómo ponen el aire acondicionado en estos buses.

Nazca quedaba atrás mientras el bus arrancaba y las luces de la ciudad se iban apagando. Otro día intenso cerrado, otro destino por delante.

Nos dormimos con la sensación de haber vivido uno de los días más completos del viaje. Arequipa nos esperaba al amanecer, pero eso ya es parte del Día 6.

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