Si estás planeando una ruta de 7 días por Bélgica, seguramente empieces por Bruselas. Es la capital del país y donde llegan la mayoría de vuelos, así que lo más práctico, y casi siempre económico, es que tu viaje comience aquí. Nosotros también lo hicimos así.
Volamos desde Zaragoza a primera hora de la mañana y llegamos al aeropuerto de Bruselas-Charleroi. Desde ahí, cogimos un bus directo que nos llevó a la estación de trenes de Bruselas en 1 hora. El billete cuesta alrededor de 15€.
Nos alojamos en el hotel Motel One Brussels, un sitio bastante bien ubicado, a unos 10 minutos andando de la Grand Place. No es el más barato del mundo, pero queríamos empezar la ruta con algo cómodo para descansar bien. Además, en ciudades como Bruselas es difícil encontrar alojamiento céntrico a buen precio, así que, si encuentras algo que se adapte a tu presupuesto, no te lo pienses demasiado.
Dejamos las mochilas, nos dimos una ducha rápida y salimos a turistear.
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Día 1 en Bélgica – Bruselas
Nuestra primera parada, como no podía ser de otra forma, fue la Grand Place. Te diría que es una de las plazas más bonitas de Europa, y no estaría exagerando.
Da igual cuántas veces la hayas visto en fotos o vídeos, en persona impresiona. Lo mejor es que está en pleno centro, así que acabarás volviendo una y otra vez, ya sea de día, de noche o simplemente porque te toca pasar por ahí para ir a otro sitio.
Justo al lado de la plaza está el Manneken Pis, la famosa estatua del niño meón. Vale, no te voy a mentir, es pequeña y probablemente te decepcione un poco. Pero oye, es tan emblemática que al final acabas haciéndote la foto igualmente. Si tienes suerte, nosotros no la tuvimos, puede que lo veas vestido con alguno de los cientos de trajes que le ponen durante el año.
¡Dato curioso! No es el único “pis” de Bruselas. También hay una niña, Jeanneke Pis, y hasta un perro meando, Zinneke Pis.
A mediodía nos acercamos a Chez Léon, un restaurante turístico pero mítico para probar los famosos moules-frites, que son mejillones con patatas fritas. Hay mucha oferta de este plato en Bruselas, pero si no sabes por dónde empezar, Chez Léon es un buen sitio.
Pedimos una cazuela de mejillones a la marinera que vienen con cebolla, apio, vino blanco… y otra a la crema. Las raciones son abundantes y siempre van acompañadas de patatas fritas belgas, que son casi una religión aquí. De postre compartimos un gofre con chocolate belga y nata. El precio medio por persona fue de unos 25€, así que no es barato, pero merece la pena como primera comida oficial del viaje.
Después de comer nos fuimos andando hacia el Mont des Arts, una zona elevada desde donde tienes unas vistas muy chulas del centro. Lo bueno de Bruselas es que se recorre bastante bien a pie si no te importa andar. Desde ahí también puedes visitar varios museos interesantes, aunque nosotros decidimos entrar solo al Museo Magritte, que está justo al lado. Si te gusta el arte, este museo te va a encantar. La entrada cuesta unos 10€, y la visita te lleva aproximadamente una hora.
Además, muy cerca tienes el Palacio Real de Bruselas, que puedes ver por fuera si no te interesa entrar. Solo abre al público durante el verano, así que, si vas entre finales de julio y finales de agosto, puedes entrar gratis.
Ya por la tarde, con algo de hambre de nuevo, hicimos parada en una gofrería de la cadena Maison Dandoy, probablemente los mejores gofres de Bruselas. Pedimos uno de estilo Lieja, que es más pequeño y denso, con azúcar perlado y otro de Bruselas, que es más grande, ligero y cuadrado. Si solo vas a probar uno, te recomiendo que sea el de Lieja. El precio del gofre te saldrá entre 3 y 6€, dependiendo de los toppings.
Aprovechamos el final de la tarde para acercarnos al Parque de Bruselas, un sitio muy tranquilo para pasear, sobre todo si tienes suerte y hace buen tiempo. Después pasamos por la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, que nos pillaba de camino de vuelta al hotel.
Para cenar no queríamos alejarnos mucho y acabamos la cervecería más famosa de Bruselas: Delirium Café. Esta cervecería tiene una carta con ¡más de 2.000 cervezas! La variedad es abrumadora, pero si no sabes qué pedir, puedes dejarte aconsejar por los camareros o pedir una cerveza trapense belga, como Chimay o Rochefort. También tienen platos típicos como estofado de ternera a la cerveza si quieres picar algo.
Día 2 en Bélgica – Bruselas
Hoy decidimos explorar otras zonas de la ciudad que también merecen mucho la pena y que, aunque están un poco más alejadas, se pueden visitar perfectamente en un día. Nos lo tomamos con calma, sin despertarnos demasiado pronto, porque la idea era disfrutar, no ir corriendo.
Empezamos el día con un desayuno rápido en el hotel de café y bollería, sin mucho misterio, y cogimos el metro hasta la parada Heysel, que te deja justo al lado del Atomium. Tarda unos 25 minutos desde el centro y hay que hacer transbordo en la línea 6. La verdad es que merece la pena acercarse, aunque solo sea para verlo desde fuera. Es una estructura enorme construida para la Expo de 1958 y que representa un cristal de hierro ampliado 165.000 millones de veces.
Pagamos la entrada que nos costó 16€ y subimos hasta la esfera más alta. Las vistas no son espectaculares, pero, aun así, está bien caminar por los tubos que conectan las esferas. Dentro también hay exposiciones sobre ciencia, arquitectura y la propia Expo del 58.
Justo enfrente está Mini-Europe, un parque con maquetas de monumentos europeos en miniatura. No entramos porque preferimos dedicar el tiempo a otros barrios, pero si vas con niños o simplemente te apetece ver una Torre Eiffel del tamaño de una persona, puede estar bien.
Después de ver el Atomium, volvimos al centro en metro y nos bajamos en Porte de Namur para explorar una de las zonas más auténticas y menos turísticas de la ciudad: el barrio de Ixelles. Esta zona nos gustó especialmente porque tiene un ambiente más local.
Fuimos caminando hasta los Étangs d’Ixelles, un lugar con bancos y patos donde aprovechamos para sentarnos un rato al sol y descansar.
Desde ahí seguimos caminando hasta la Rue Antoine Dansaert. Si te gusta el arte urbano, aquí hay varios murales del famoso proyecto Parcours BD, donde las paredes se convierten en viñetas de cómic. Algunos de los más conocidos son los de Tintín y Lucky Luke, pero si paseas sin rumbo fijo irás descubriendo muchos más.
Para comer fuimos a Les Super Filles du Tram, un restaurante que nos habían recomendado y que es conocido por sus hamburguesas. Pedimos una hamburguesa de queso de cabra con cebolla caramelizada y otra con bacon ahumado y salsa de mostaza antigua. Las patatas caseras estaban muy buenas y, cómo no, regamos todo con una Tripel Karmeliet, una de nuestras cervezas belgas favoritas. El precio medio por persona de la comida salió por unos 20€.
Después de comer nos acercamos andando al Barrio Europeo, donde se encuentran las principales instituciones de la Unión Europea: el Parlamento Europeo, la Comisión, el Consejo…
Visitamos el Parlamentarium, el centro de visitantes del Parlamento Europeo. La entrada es gratuita y está muy bien montado: hay exposiciones interactivas, vídeos, maquetas… todo muy didáctico. Puedes ver desde cómo se aprueban las leyes hasta una recreación de un hemiciclo. Tardamos algo más de una hora y salimos con la sensación de que, al menos por un día, entendimos algo de política europea.
Como todavía teníamos algo de tiempo antes de cenar, decidimos terminar el día en el barrio de Marolles.
Si te gusta rebuscar tesoros, pásate por la Place du Jeu de Balle, donde todos los días por la mañana montan un mercadillo de antigüedades.
Muy cerca está el ascensor panorámico de Marolles, gratuito, que conecta el barrio con la parte alta de la ciudad. Las vistas al atardecer desde arriba son bastante chulas.
Para cenar nos recomendaron un sitio no muy lejos, La Porteuse d’Eau, un restaurante tradicional que nos encantó. Pedimos una carbonade flamande, el típico estofado de ternera cocinado con cerveza oscura, y una quiche de puerros y queso. Además, tenían una carta de cervezas bastante completa, así que probamos una Westmalle Dubbel para acompañar.
Mañana toca cambiar de ciudad y poner rumbo a Gante, una de las joyas flamencas que más nos apetecía descubrir.
Día 3 en Bélgica – Gante
Salimos temprano de Bruselas porque queríamos aprovechar el día entero en Gante. Lo bueno de Bélgica es que las distancias son cortas y los trenes funcionan bastante bien. Desde la estación de Bruxelles-Central cogimos un tren directo que en aproximadamente 40 minutos te deja en la estación Gent-Sint-Pieters. El billete cuesta unos 11€ por trayecto, y salen trenes cada 20 minutos, así que no hace falta reservar con antelación.
La estación de tren de Gante está un poco alejada del centro histórico, así que puedes coger el tranvía 1 que te deja en Korenmarkt. El billete cuesta 2,50€ si lo compras en máquina o app, o 3€ si lo compras al conductor.
Nosotros preferimos andar un poco y así ir entrando poco a poco en la ciudad. El paseo son unos 30 minutos y se hace muy agradable, sobre todo si pillas un día soleado como el que tuvimos.
En Gante nos alojamos en The House of Edward, una casa típica flamenca reconvertida en alojamiento, con habitaciones pequeñas pero muy acogedoras y justo al lado del canal. La ubicación es perfecta para moverte andando a todas partes y no tener que preocuparte de transporte durante el resto del día.
Empezamos el día fuerte con una visita a la Catedral de San Bavón. La entrada es gratuita, pero si quieres ver el famoso Políptico del Cordero Místico de los hermanos Van Eyck, hay que pagar entrada, que cuesta 12,50€ con audioguía incluida.
Justo al lado de la catedral tienes el Campanario de Gante, uno de los tres grandes torreones medievales que definen el skyline de la ciudad junto a la catedral y la iglesia de San Nicolás. Subir cuesta 10€, pero hay ascensor, así que no es tan duro como parece. Si tienes buen día, verás incluso las torres de Brujas al fondo.
Después de las visitas culturales, nos dedicamos a callejear sin rumbo. La zona de Korenmarkt, Graslei y Korenlei es lo más bonito de la ciudad. Siéntate en una de las escaleras junto al agua y observa cómo pasan las barquitas.
A la hora de comer, nos recomendaron Balls & Glory, especializado en albóndigas gigantes rellenas. Sí, albóndigas. Pedimos una de pollo con espinacas y queso y otra de cerdo con manzana y cebolla, cada una acompañada con puré o ensalada. No es la comida más ligera del mundo, pero están muy buenas y con precios razonables. unos 15€ por persona con bebida.
Por la tarde hicimos una de las cosas más turísticas del día, pero que a míme gustó muc, un paseo en barco por los canales de Gante. Hay varias empresas que lo ofrecen y cuestan entre 9 y 12€ por persona para un recorrido de unos 40-50 minutos.
Te explican la historia de los edificios por los que vas pasando, anécdotas, y te dan una visión diferente de la ciudad. Nosotros pillamos uno con guía en inglés, pero también había opción en español si esperabas un poco más. Lo cogimos junto al puente de Grasbrug, de donde salen la mayoría.
Ya de vuelta, aprovechamos para visitar el Castillo de los Condes de Flandes. La entrada cuesta 12€, y lo que más nos gustó fue el recorrido por el interior, que está bastante bien montado con audioguía incluida.
Para cenar, fuimos a Dulle Griet, una cervecería muy conocida de Gante que tiene más de 500 tipos de cervezas en carta. Pedimos una Delirium Red y una Piraat Tripel.
Lo curioso de este bar es que, si pides la cerveza Max, tienes que dejar una de tus zapatillas como garantía. No es broma. Te la cuelgan del techo con una cuerda hasta que termines. No nos atrevimos, pero vimos a varios valientes hacerlo.
Para cenar, compartimos unas croquetas de queso, una tabla de embutidos flamencos y unas frites con mayonesa casera.
Si haces una ruta por Bélgica, Gante no puede faltar. De hecho, si no fuera por Brujas, diríamos que fue la ciudad que más nos gustó del viaje.
Mañana toca seguir la ruta hacia la archiconocida y preciosa Brujas, que será nuestra siguiente parada.
Día 4 en Bélgica – Brujas
Por fin llegamos a Brujas, eso sí, te aviso: es muy bonita, pero también muy turística, especialmente si vas en fin de semana o en temporada alta. Nosotros fuimos en septiembre, entre semana, y aun así había bastante gente.
Salimos por la mañana desde la estación de Gante, donde cogimos un tren directo a Brujas. El trayecto dura unos 30 minutos y cuesta alrededor de 7,50€ por persona. Igual que con el resto de trenes en Bélgica, no hace falta reservar con antelación. Vas a la estación, compras el billete y te subes al siguiente tren que salga.
La estación de tren de Brujas está un poco alejada del centro histórico, pero hay autobuses, las líneas 1 y 6, entre otras, que te dejan en Markt, la plaza principal. Aun así, como hacía buen tiempo y no llevábamos mucho equipaje, optamos por ir andando. Tardamos unos 30 minutos a paso tranquilo.
En Brujas nos dimos un pequeño capricho y nos alojamos en el Canalview Hotel Ter Reien, un hotel con vistas directas al canal. Si puedes permitirte pagar un poco más por una habitación con vistas, te lo recomendamos. Levantarte y ver los cisnes pasando por el agua no tiene precio. Bueno, sí lo tiene, pero al menos lo pagas a gusto.
No importa cuántas fotos hayas visto antes, Brujas es de verdad así. Con sus casitas alineadas, canales, callejones, puentes… Parece un decorado de película.
Nuestra primera parada fue la Grote Markt, la plaza principal de la ciudad. Aquí es donde te vas a sacar la foto más típica, con el campanario al fondo y los edificios de colores en forma de escalera.
Subimos al Belfort porque habíamos leído que las vistas merecen mucho la pena. Son 366 escalones en espiral, y no hay ascensor, pero si estás mínimamente en forma, se puede subir sin problema. La entrada cuesta 15€, y las vistas desde arriba son muy buenas.
Después, empezamos a perdernos por las calles del casco histórico. No teníamos un rumbo fijo, simplemente íbamos girando en cada esquina que nos parecía bonita. Te recomiendo callejear sin mapa.
En uno de esos paseos llegamos a Rozenhoedkaai, probablemente el lugar más fotografiado de Brujas. Es ese rincón donde el canal hace una curva y las casas se reflejan en el agua con el campanario al fondo. Eso sí, ármate de paciencia, porque suele estar a reventar.
Comimos en Réliva, un restaurante de cocina local con opciones algo más elaboradas que los típicos mejillones con patatas. Pedimos un estofado de ternera con cerveza y una ensalada templada con queso de cabra y nueces.
Por la tarde decidimos visitar el Museo Groeninge. Hay obras de Jan van Eyck, Hans Memling, y otros artistas locales. La entrada cuesta unos 12€, y con una hora y pico es suficiente para verlo con calma.
Después del museo, fuimos a The Old Chocolate House. Literalmente te dan una taza de leche caliente y una mini fondue de chocolate puro para que lo vayas echando tú mismo.
Justo cuando empezaba a caer el sol, nos fuimos andando hasta el Minnewaterpark, un parque muy tranquilo en la parte sur del centro. Aquí está el famoso Lago del Amor, que tiene una historia romántica detrás y es uno de los rincones más bonitos para ver el atardecer en Brujas.
Para cenar fuimos a De Garre. Es una cervecería pequeñita, que se encuentra en un callejón estrecho entre la plaza principal y la calle Breidelstraat. Tienen una cerveza propia, la Tripel De Garre, con una graduación de 11,5 % pero muy buena.
Acompañamos la cerveza con una tabla de quesos y charcutería.
Brujas nos encantó, pero también es cierto que el exceso de turismo se nota. Aun así, si eliges bien las horas y te alejas un poco del centro, la ciudad tiene rincones realmente mágicos.
Mañana el viaje nos llevará a Amberes.
Día 5 en Bélgica – Amberes
Después de un día de cuento en Brujas, tocaba cambiar el chip y movernos hacia el norte. Desde la estación de tren de Brujas, cogimos un tren directo a Amberes que tarda aproximadamente 1 hora y 30 minutos y cuesta unos 15€. También se puede hacer con escala en Bruselas, pero si puedes evitarla, mejor.
Lo primero que nos impactó al llegar fue la estación central de Amberes. La llaman “la catedral de las estaciones” y no es ninguna exageración. Para nosotros es la estación más bonita en la que hemos estado (y eso que hemos visto unas cuantas).
Nos alojamos en el hotel Hotel Rubens-Grote Markt, ubicado a solo un par de minutos andando de la plaza principal. Es un poco más caro que otros sitios donde habíamos dormido, pero lo compensamos con las cenas más low cost de los días anteriores. Si prefieres algo más económico, también tienes opciones tipo hostels con habitaciones privadas, como el Yust Antwerp.
Empezamos caminando hacia el centro histórico, la Grote Markt. En el centro está la fuente de Brabo, con una estatua que representa una leyenda bastante curiosa. Dicen que un gigante llamado Antigoon cobraba peaje a todo el que cruzaba el río Escalda, y que un soldado romano le cortó la mano y la lanzó al agua. De ahí viene el nombre de Antwerpen, que significa algo así como “arrojar la mano”.
Desde ahí entramos en la Catedral de Nuestra Señora de Amberes. La entrada cuesta 12€, pero incluye audioguía y acceso a algunas obras de arte de Rubens.
Dimos una vuelta por la calle Kloosterstraat. También pasamos por Meir, la calle comercial principal, donde están las tiendas más conocidas tipo Zara, H&M y compañía, pero en edificios antiguos muy bonitos.
Como ya era la hora de comer y veníamos con hambre, tiramos por Frituur Nº1, un sitio donde sirven las mejores patatas fritas de Amberes. Pedimos un cucurucho grande con mayonesa y dos frikandellen, que son una especie de salchichas belgas fritas. Comida rápida y típica que nos salió por menos de 10 € por persona.
Por la tarde fuimos a visitar la Casa de Rubens, donde vivió y trabajó el artista. La entrada cuesta 12€ y el edificio es precioso, con jardines, salas decoradas y varias obras originales.
Después de la visita, cogimos rumbo al norte para explorar el Eilandje. Aquí encontramos el MAS, el Museum aan de Stroom, un museo con forma de torre de bloques de vidrio y piedra roja.
Aquí puedes subir gratis hasta la terraza en la planta 10 y tener unas buenas vistas del puerto y la ciudad. No hace falta pagar entrada si no quieres ver las exposiciones. Simplemente sube por las rampas en espiral y disfruta del atardecer desde arriba.
Vale, aquí hicimos una pequeña trampa. Teníamos la esperanza de cenar en The Jane, uno de los restaurantes más famosos y premiados de Bélgica, pero cuando intentamos reservar, ya estaba completo. Así que, si tienes claro que quieres ir, resérvalo con meses de antelación. Tiene dos estrellas Michelin, por lo que el menú puede superar los 200€ por persona.
Como plan B, fuimos a Bier Central, una cervecería con una carta de más de 300 cervezas. Cenamos unas croquetas de camarones grises, un waterzooi de pollo y probamos tres cervezas distintas: una St. Bernardus Abt 12, una Chouffe Houblon y una Rodenbach Grand Cru, esta última bastante ácida, como un vino tinto espumoso.
Día 6 en Bélgica – Bruselas
Volvimos desde Amberes a Bruselas en tren. El trayecto dura unos 45 minutos y el billete cuesta en torno a 9€, dependiendo del tipo de tren. Esta vez bajamos en la estación Bruxelles-Midi, ya que íbamos a dejar las mochilas en el hotel cerca de esa zona.
Nos alojamos de nuevo en Bruselas, esta vez en MEININGER Hotel Brussels City Center, un hotel estilo hostel con habitaciones privadas, al lado del canal. Es cómodo, económico y tiene cocina compartida por si quieres ahorrarte una cena o desayuno. Te lo recomiendo si no te importa estar un poquito más alejado del centro.
Volvimos al barrio de Marolles, que ya habíamos pisado por encima el segundo día de nuestra ruta por Bélgica, pero que nos apetecía explorar mejor.
En especial, nos acercamos de nuevo a la Place du Jeu de Balle, donde pillamos el mercado en pleno funcionamiento.
Desde ahí subimos de nuevo en el ascensor panorámico gratuito hasta el Palais de Justice.
Fuimos a Maison Dandoy, la sede de la calle Rue Charles Buls, y aprovechamos para comprar una cajita de speculoos como souvenir.
Una de las cosas que más nos gustó de este día fue descubrir una ruta alternativa de murales de cómic, parte del proyecto Parcours BD. Ya habíamos visto alguno suelto los primeros días, pero esta vez nos descargamos un pequeño mapa, puedes encontrarlo online o pedirlo en la oficina de turismo, y nos dedicamos a buscar los murales escondidos.
Algunos de los más chulos son:
- Tintín en Rue de l’Étuve
- Lucky Luke en Rue de la Buanderie
- Spirou en Rue Notre-Seigneur
- Quick et Flupke cerca de la estación de metro Bourse
Paramos a comer en uno de los sitios con más fama de Bruselas, el Noordzee – Mer du Nord, un puesto de pescado con terraza al aire libre. Se sitúa en la Place Sainte-Catherine. Pides en barra y te comes lo que has pedido en las mesas altas de fuera.
Probamos un bocadillo de salmón ahumado, unas croquetas de camarones y un tartar de atún con un vaso de vino blanco. Todo por unos 20€ por persona.
Por la tarde nos fuimos de paseo sin rumbo fijo, pero acabamos en algunas tiendas que nos encantaron:
- Filigranes, una de las librerías más grandes de Bruselas, abierta hasta tarde y con libros en varios idiomas.
- La Boutique Tintin, ideal si te gusta el personaje o quieres un souvenir original.
- Tiendas de cómic a lo largo del Boulevard Anspach. Hay varias, algunas más alternativas, otras más “Marvelizadas”, pero todas con encanto.
También aprovechamos para hacer algunas compras de última hora: chocolate en Pierre Marcolini, que no es barato, pero es espectacular, una tableta de Côte d’Or del supermercado para el viaje, y algunas cervezas en la tienda Beer Mania, donde puedes comprar marcas locales que no siempre se encuentran fuera de Bélgica.
Ya con las mochilas medio listas para el día siguiente, cerramos el día en Le Bistro, cerca del barrio Saint-Géry. Pedimos un stoofvlees con pan de mostaza y una ensalada de queso de cabra.
Día 7 en Bélgica – Bruselas
Nuestro vuelo salía por la tarde, así que teníamos la mañana libre para despedirnos de la ciudad. Después de seis días bastante intensos entre trenes, visitas y cerveza, decidimos tomarnos este día con toda la calma del mundo.
Desayunamos en Peck 47, justo al lado de la Bourse.
Pedimos un gofre salado con huevos escalfados, aguacate y salsa holandesa, un yogur con granola y frutas y dos cafés con leche enormes.
Después del desayuno nos dimos una última vuelta por la zona de la Grand Place, con menos gente que en días anteriores porque aún era temprano. Aprovechamos para volver a sacar alguna foto y sentarnos un rato en uno de los bancos de la Rue des Colonies.
Desde ahí subimos andando al Mont des Arts, uno de nuestros lugares favoritos de la ciudad.
Justo allí está también la Biblioteca Real de Bélgica y el Museo de los Instrumentos Musicales (MIM).
Recogimos nuestras cosas en el hotel, y nos fuimos con tiempo al aeropuerto.
Una vez en el aeropuerto, todo fue bastante rápido, aunque las colas de seguridad pueden ser largas, así que siempre conviene llegar con algo de margen.
Este viaje por Bélgica en 7 días ha sido una mezcla perfecta entre ciudades preciosas, cultura, historia, cerveza y chocolate.
¿Cuántas noches pasar en cada lugar?
Nosotros hicimos 2 en Bruselas, 1 en Gante, 1 en Brujas, 1 en Amberes y 2 más en Bruselas al final. Repetiríamos exactamente la misma distribución.
¿Cómo es mejor moverse por Bélgica?
Sin duda, en tren. Es rápido, cómodo y barato. Puedes comprar los billetes en la estación el mismo día, sin líos.
¿Qué idioma hablan en Bélgica?
En Bélgica hablan francés y neerlandés, y en la parte flamenca (Gante, Brujas, Amberes), todo está en neerlandés. Aun así, casi todo el mundo habla inglés y en muchos sitios incluso español.
¿Qué suovenir llevarte a casa de Bélgica?
- Chocolate belga. Las marcas más conocidas son Marcolini, Côte d’Or, Leonidas…
- Cerveza trapense o artesanal
- Galletas Speculoos
- Algún cómic de Tintín
Y con eso, ponemos punto final a este viaje por Bélgica. Nos ha encantado descubrir un país que muchas veces se deja como escala entre ciudades más conocidas, pero que tiene muchísimo que ofrecer.
Ojalá esta ruta te sirva de ayuda para organizar tu propio viaje… o para inspirarte a lanzarte a descubrirlo por ti mismo.
Consejos a la hora de viajar a Bélgica
- No subestimes las distancias: aunque Bruselas no es enorme, algunas zonas están en cuesta como el Mont des Arts, así que lleva calzado cómodo.
- Cuidado con los carteristas en zonas turísticas como la Grand Place o alrededor del Manneken Pis.
- En Bruselas llueve con frecuencia, incluso en verano. Lleva siempre un chubasquero o paraguas por si acaso.
- Si vas con presupuesto ajustado, los supermercados Carrefour Express son tus aliados para alguna comida o cena improvisada.
- El metro de Bruselas es bastante útil y no muy caro. Un billete sencillo cuesta 2,10€ y puedes usarlo también en tranvías y autobuses.
- Si eres amante de la cerveza, descarga la app Untappd para ir descubriendo nuevas referencias belgas.
- En Bruselas puedes encontrar cómics por todas partes, no solo murales: tiendas especializadas, estatuas, incluso en las señales de tráfico.
- · En Gante los canales son más anchos y abiertos que los de Brujas, y tienen menos turistas, así que el paseo en barco es más tranquilo.
- Si te apetece dulce, busca alguna panadería tradicional y prueba los cuberdons, unos dulces típicos de Gante en forma de cono, con un relleno de sirope. Opiniones divididas: a mí me encantaron, a mi pareja le parecieron empalagosos.
- Si puedes, visita Brujas entre semana y alójate una noche. La ciudad cambia muchísimo por la noche, cuando se vacía de excursiones de un día y recupera su magia.
- En muchos sitios cierran la cocina pronto, sobre todo en invierno. Si vas a cenar, mejor que sea antes de las 20:30.
- Hay muchos museos curiosos: de la cerveza, del chocolate, de las patatas fritas… Nosotros no fuimos por falta de tiempo, pero si vas con niños, o te apetece algo diferente, pueden estar bien.
- Amberes es conocida como la ciudad del diamante, pero si vas a comprar, asegúrate de hacerlo en tiendas certificadas. Hay bastante timo suelto.
- Muchos museos cierran los lunes, así que organiza tu ruta teniéndolo en cuenta.
- Para los souvenirs de comida, Carrefour, Delhaize o Colruyt tienen los mejores precios.