No sé tú, pero yo llegué a Tallin sin muchas expectativas. De esas ciudades que has visto mil veces en fotos, con sus tejados naranjas y su casco medieval que parece de cuento… pero no te haces a la idea hasta que estás allí, cruzando una puerta de piedra y viendo cómo las torres de la muralla se asoman entre calles adoquinadas. Y ya te adelanto algo: Tallin me flipó.

Si tienes pensado visitar este país próximamente, te dejo esta ruta de 4 días por Estonia que te dará una visión amplia del país. ¡Disfruta!

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Cómo llegar del aeropuerto al centro de Tallin

El aeropuerto está a tan solo 4km del centro, así que llegar no tiene complicación ninguna. Tienes varias opciones:

  • Tranvía n.º 4: cuesta 1,5€, tarda unos 15 minutos y te deja en pleno centro.
  • Bolt, el Uber de aquí: súper cómodo, por unos 6€ u 8€ estás en la puerta del alojamiento.
  • Bus nº 2: también económico, pero algo más lento.

Yo cogí un Bolt porque llegué tarde y no me apetecía liarme. En 10 minutos ya estaba dejando la mochila en el hotel.

Día 1 en Estonia – Tallin

Empezamos fuerte. Tallin tiene uno de los cascos antiguos mejor conservados de Europa, y es Patrimonio de la Humanidad. Pero no es solo bonito: tiene alma.

Te juro que caminar por sus calles adoquinadas es como estar en un capítulo de “Juego de Tronos”, pero con más cafeterías jajajaja.

Las paradas imprescindibles que tienes que hacer son:

  • Plaza del Ayuntamiento, o Raekoja plats: Rodeada de casas de colores, terrazas y una farmacia que lleva abierta desde el siglo XV, sí, has leído bien, desde el siglo XV.
  • Iglesia de San Olaf: su torre era en su día el edificio más alto del mundo. Puedes subir por 3€ o 4€ y las vistas son muy buenas.
  • Pasadizo de Santa Catalina: estrecho, empedrado, con talleres de artesanía. De mis rincones favoritos de la ciudad.
  • Muralla y torres: hay varios tramos visitables. La entrada cuesta unos 5€ y puedes subir a varias torres.

¡Consejo! Sube a los miradores de Toompea, como Kohtuotsa o Patkuli. Desde allí verás los tejados rojos, las agujas de las iglesias y hasta el mar Báltico si hace buen día.

En pleno casco antiguo, te recomiendo parar en un sitio turístico pero muy bueno: Olde Hansa.

Sí, está lleno de turistas, pero la decoración medieval y el olor a canela y carne lo compensa. Pide el estofado de alce con pan negro o un plato de pescado del Báltico.

Si prefieres algo más moderno, puedes comer en Rataskaevu 16.

Por la tarde, sal del centro para ver otro Tallin, el Tallin alternativo.

El barrio de Kalamaja es un antiguo barrio de pescadores reconvertido en zona con mucho rollo. Aquí todo son casitas de madera de colores y cafeterías con decoración nórdica.

Y dentro de Kalamaja está el complejo de Telliskivi Creative City, una antigua fábrica reconvertida en espacio artístico. Tiene murales, tiendas, cafeterías, librerías, coworkings… Vamos, una mezcla entre Malasaña y Berlín.

Si te apetece algo dulce, para en F-hoone, un café-restaurante con bizcochos caseros buenísimos. Me pedí uno de zanahoria que aún sueño con él.

Para cenar, puedes quedarte por Telliskivi o volver al centro. Yo fui a III Draakon, una taberna dentro del Ayuntamiento que sirve sopas, empanadas de carne y cerveza negra por unos 3€.

Y para terminar el día, te animo a tomar una cerveza local en Põhjala Tap Room o Heldeke!, un bar con espectáculos en vivo y ambiente muy curioso.

Día 2 en Estonia – Excursión al Parque Nacional de Lahemaa

Si ayer te sentiste en un cuento, hoy toca sumergirse en los paisajes más salvajes de Estonia. Y créeme, este país tiene naturaleza de postal, de esa que no sale en los rankings pero te deja con la boca abierta.

El Parque Nacional de Lahemaa está al norte de Estonia, a poco más de 1 hora de Tallin, y es el parque nacional más grande del país.

La opción más práctica, y la que yo hice, fue alquilar coche por un día. Las carreteras están muy bien y conducir es sencillo. No hay peajes y el tráfico es mínimo.

Si no quieres conducir, hay excursiones organizadas desde Tallin por unos 60€, con guía en inglés y paradas en varios puntos clave.

También puedes combinar autobús y bicicleta si eres más aventurero o te encuentras con ganas, pero vas a perder bastante tiempo.

Reserva el coche con antelación, sobre todo si viajas en verano. Nosotros alquilamos con Bolt Drive y fue súper cómodo: recoges y devuelves el coche con la app.

Antes de adentrarte en el parque, haz una pequeña parada en la cascada de Jägala, la más ancha de Estonia. No es una catarata tipo Iguazú, pero tiene su encanto, especialmente en primavera cuando baja cargada de agua.

Puedes aparcar gratis, caminar unos 2 minutos y ya estás delante de ella. Hay un camino que baja por el lateral, y si no lleva mucho caudal, puedes incluso caminar por detrás del salto de agua.

Una de las cosas que más me gustó fue recorrer los pueblitos de la costa del parque. Cada uno tiene algo que lo hace especial:

  • Käsmu: conocido como el pueblo de los capitanes. Está rodeado de piedras gigantes y pinos, con barquitas en la orilla. Tiene un pequeño museo marítimo que tienes que hacer un donativo para entrar y muchas casas de madera con jardines cuidados.
  • Altja: aquí parece que se ha detenido el tiempo. Hay un sendero corto que recorre un bosque hasta la costa, pasando por cabañas tradicionales de pescadores. También tienes un pequeño muelle de madera y bancos para sentarte a mirar el mar sin hacer nada.
  • Võsu: es la zona más veraniega, con una playa larga de arena blanca y varios chiringuitos de madera donde picar algo. Aquí paramos a tomar una sopa de pescado ahumado que me supo a gloria.

Después de comer, toca moverse un poco. Uno de los sitios más especiales del parque es Viru Bog, un pantano inmenso cubierto de musgo y pequeñas lagunas oscuras.

Hay un sendero de madera elevado de unos 4 kilómetros que puedes hacer en una hora, con paradas para sacar fotos. Es muy fácil y accesible, y te lo digo yo que soy una cagada para estas cosas y todo me parece difícil.

Lo mejor es subir a la torre que hay a mitad de camino. Desde arriba se ve el pantano extendiéndose hasta el horizonte, como si fuera un océano. ¡No te exagero!

¡Por cierto! Lleva bien de agua, algo de comer y antimosquitos si vas en verano.

Antes de volver a Tallin, puedes parar en Palmse mõis, una de las mansiones aristocráticas restauradas del parque. El edificio es de estilo barroco y tiene jardines, estanques, una capilla y un invernadero.

La entrada alrededor de los 8€, y dentro hay muebles de época, vestidos antiguos, coches de caballos… Pero si no te apetece pagar, puedes pasear por los jardines gratis.

Desde Palmse tardarás poco más de 1 hora en volver a Tallin. Deja el coche y ve a cenar a Kohvik Moon.

Día 3 en Estonia – Tartu

Hoy nos vamos al sureste del país para conocer Tartu, la ciudad universitaria de Estonia. De hecho, tiene el apodo de “el cerebro de Estonia”, porque aquí se fundó la primera universidad del país.

Para llegar a Tartu desde Tallin, lo más fácil es ir en tren o bus.

El tren tarda unas 2 horas y es muy cómodo. Puedes reservar desde la web de Elron, lo que sería la Renfe de allí, por unos 15€.

El bus también es una buena opción, con precios similares. Lo bueno del bus es que tiene pantallas individuales estilo avión con películas y juegos.

También puedes ir en coche si estás haciendo ruta por libre. Son unos 185 kilómetros desde Tallin y la carretera está muy bien.

Al llegar, deja tu mochila en el alojamiento y sal a recorrer el casco antiguo.

¿Qué lugares no te puedes perder en Tartu?

  • Universidad de Tartu: fundada en 1632, es la institución académica más antigua del país. Puedes entrar al museo, que cuesta unos 5€ y ver el aula magna y el techo de madera tallada.
  • Plaza del Ayuntamiento, o Raekoja plats: Aquí está el Monumento al Beso. Alrededor de la plaza hay bares, heladerías y tienditas.
  • Casa Inclinada de Tartu: Es un antiguo edificio del siglo XVIII que se ha ido hundiendo por el terreno. Ahora es parte del Museo de Arte de Tartu.
  • Río Emajõgi: Puedes pasear por la ribera, alquilar un kayak en verano o simplemente sentarte en un banco a ver pasar la vida.

Puedes comer Kolm Tilli, un restaurante con aires industriales, muy moderno, donde puedes encontrar desde pizzas caseras hasta poke bowls y platos más locales. Me pedí una pizza con panceta ahumada y cebolla roja que estaba brutal.

Por la tarde, acércate al Museo Nacional de Estonia. Vale, está a las afueras y necesitas taxi o Bolt para ir, pero merece la pena. El edificio es una pasada y se encuentra sobre una antigua pista de aterrizaje soviética. Dentro hay exposiciones sobre la historia de Estonia, trajes tradicionales, objetos del día a día de hace siglos y hasta tecnología interactiva para aprender algunas palabras en estonio. La entrada cuesta unos 10€ aproximadamente.

Después, disfruta descubriendo el arte callejero de Tartu. Hay murales enormes por todas partes, muchos con mensaje político, ecológico o simplemente surrealista.

De vuelta al centro, te recomiendo parar en Babel Café, una librería con café de especialidad.

Si tienes fuerzas, sube al Puente del Ángel, o Inglisild en el parque Toomemägi. Desde allí tienes vistas sobre los tejados del centro y los árboles del parque.

Pásate a cenar a Meat Market, que suena muy carnívoro, y lo es, pero también tiene platos para todos los gustos. Yo pedí unas costillas glaseadas con salsa de arándanos que estaban riquísimas.

Después, ¡cervecita en Pühaste Kelder!

Día 4 en Estonia – Pärnu

Ya te aviso, no hace falta que haga 30 grados para disfrutar de Pärnu. Nosotros la visitamos en julio y pillamos sol, algo que habíamos leído que era raro, así que fue el día ideal para ir con calma.

Desde Tartu son unas 2 horas y media en coche, y desde Tallin, unas 2 horas. Lo ideal si tienes coche es hacer una ruta circular: Tallin – Tartu – Pärnu – Tallin.

Si no tienes coche, hay buses directos desde Tartu y Tallin con Lux Express o GoBus por unos 10€. Además, la estación de autobuses de Pärnu está bastante cerca del centro, así que puedes ir andando a tu alojamiento.

Pärnu no tiene monumentos top ni cascos antiguos inmensos. Pero tiene algo que te atrapa. Nosotros empezamos la mañana paseando por la calle Rüütli, la arteria principal del centro. Está llena de tiendas, cafeterías, floristerías y galerías de arte pequeñitas.

Te recomiendo pasar por:

  • Iglesia de Santa Isabel: con una torre amarilla que destaca entre los tejados.
  • Antiguo balneario de barro: reconvertido en hotel, pero con ese aire de época que mola ver desde fuera.
  • Villa Ammende: una mansión convertida en hotel de lujo. Aunque no te alojes allí, puedes entrar al jardín o tomar un café.

Desde el centro hasta la playa se llega caminando en unos 20 minutos.

La playa de Pärnu es una franja larguísima de arena clara, dunas y agua fría, ¡pero fría de verdad!

Ahí mismo tienes duchas, baños y chiringuitos donde comprar helados o una limonada artesanal por unos 3€. También puedes alquilar tumbonas si prefieres descansar en la playita.

Come en Supelsaksad, un restaurante súper bonito a medio camino entre la ciudad y la playa.

Después de comer, alquila una bici en los puestos de la playa, te costará unos 6€ por 2 horas, y recorre el paseo marítimo de Pärnu.

Antes de volver, pasea por la zona más moderna de Pärnu donde hay joyería de ámbar, cerámica, ilustraciones y jabones artesanales.

Para cenar, cena en Villa Wesset, un restaurante elegante pero no muy caro.

Te recomiendo dormir al menos una noche en Pärnu si puedes. Tienes hostels baratos, hoteles o apartamentos por menos de 50€ la noche.

Al día siguiente, toca volver a Tallin para terminar el viaje.

Si tienes el día libre, puedes parar en el camino en lugares como:

  • Haapsalu: una ciudad balneario con castillo medieval, casas de madera y marismas.
  • Padise: con una abadía en ruinas bastante impresionante.

Día extra en Estonia – Saaremaa

Si tienes un día más en tu ruta por Estonia, mi recomendación es clara: cruza en ferry hasta Saaremaa.

El trayecto no es complicado, pero sí requiere organización:

  • En coche desde Tallin: conduces hasta Virtsu y de allí tomas el ferry hasta Kuivastu, en la isla vecina Muhu. El ferry dura solo 30 minutos y cuesta unos 15€ por coche + 2–4€ por persona. Sale cada hora.
  • Luego cruzas un puente hasta Saaremaa, y en otros 45 minutos llegas a Kuressaare, la capital de la isla.

Reserva el ferry online si vas en verano, porque se llena. Puedes hacerlo en la web de praamid.ee.

Una vez en Saaremaa, el destino principal es Kuressaare. Es una ciudad muy pequeña y con uno de los castillos medievales más bonitos que he visto en el norte de Europa.

El Castillo de Kuressaare: está frente al mar, rodeado por un foso y con cisnes paseando por ahí. Puedes entrar al museo por unos 8€, recorrer las murallas, ver exposiciones sobre la historia de la isla y subir a la torre principal con vistas al mar. Incluso si no entras, caminar alrededor del castillo ya merece la pena.

También puedes dar un paseo por el casco antiguo.

Kuressaare tiene una tradición muy fuerte de balnearios, desde la época soviética. Hoy en día hay spas con piscinas de agua salada, saunas, tratamientos de algas del Báltico… y precios bastante razonables por unos 40€ por un circuito completo.

Si te animas, te recomiendo el GOSPA, Georg Ots Spa Hotel. Puedes pasar el día allí aunque no te alojes.

Si tienes coche, aprovecha para recorrer el resto de la isla. Algunos sitios recomendables son:

  • Molinos de Angla: un conjunto de molinos de viento de madera en medio del campo.
  • Cabo de Sõrve, o Sõrve säär: una lengua de tierra que se adentra en el mar.
  • Cascada de Panga, o Panga pank: un pequeño acantilado en la costa donde se celebraban antiguamente rituales paganos.
  • Parque Nacional de Vilsandi: si eres de los que buscan fauna y flora, aquí puedes avistar focas y aves.

¡Por cierto! No te vayas sin probar el pan negro casero con mantequilla de ajo, lo sirven en casi todas partes y es adictivo.

Si puedes, alójate en una casita de madera cerca de Kuressaare, rodeada de bosque, con sauna incluida. De esos lugares donde te despiertas con el canto de los pájaros y no sabes ni qué día es.

Pero si prefieres algo más céntrico, hay pequeños hoteles familiares y B&Bs por 50€ la noche, incluso en temporada alta. También puedes dormir en alguna granja reconvertida en guesthouse, ideal si buscas desconexión total.

Para volver, simplemente invierte el camino. Si lo haces en un solo día, sal temprano para no ir justo con el ferry.

Estonia es uno de esos países que no están en el radar de casi nadie, pero te ofrecen de todo.

Si te gusta viajar a sitios diferentes, Estonia te va a sorprender. Palabrita.

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