Bratislava puede parecerte una ciudad muy pequeña y que no tiene mucho interés. No te negaré que es una ciudad limitada en cuanto a cosas que ver y en un día o dos te puedes hacer una visita turística la mar de maja.
Nosotros aprovechamos que mi cuñada estaba ahí de Erasmus para hacer una visita y hacer una visita combinada Bratislava – Budapest. Las ciudades de Viena y Praga ya las habíamos visitado anteriormente, pero si vas a hacer la típica ruta Viena – Praga – Budapest, quizás puedas alargarla un día más y visitar Bratislava. Si haces esto, te recomiendo que veas Bratislava la primera de todas, ya que en comparación con sus vecinas Viena y Budapest, tan majestuosas y con tantas cosas que ver, te puede decepcionar un poco.
Nuestra ruta de dos días en Bratislava comienza en al aeropuerto de Viena, donde, al aterrizar, cogimos un autobús que nos llevaría a Bratislava. Este autobús tarda alrededor de 1 hora y cuesta unos 10€.
Antes de ir leímos varios blogs de viajes que renegaban de la ciudad, a nosotros no nos pareció así. No tiene tanta vida como otras ciudades y, como hemos comentado más arriba, en un día te la has visto, pero no por ello vas a dejar de visitar una ciudad que cuenta con pequeñas joyas que, usando el tiempo correcto, te dejarán un buen sabor de boca.
Llegamos tirando el medio día, y lo primero que hicimos fue ir a nuestro alojamiento a dejar nuestro equipaje. En Bratislava nos alojamos en Patio Hostel, un sitio correcto y barato, para pasar una única noche no quisimos pensarlo mucho y ahorrar. Es un sitio céntrico al que podrás llegar andando a cualquier parte, nosotros fuimos en octubre y la verdad que estuvimos a gusto y no pasamos frío.
Una curiosidad de la ciudad es que, si te fijas, encontrarás pequeñas coronas doradas en el suelo. Si sigues su recorrido estarás recorriendo a pie el trayecto que se usó durante muchos años en la fiesta de coronación de los reyes.
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Día 1 en Bratislava
Este día lo dedicamos a ver el casco antiguo de Bratislava. Este centro ha permanecido intacto aún después de la Segunda Guerra Mundial, por lo que te recomiendo dedicarle un buen rato a pasear por sus calles y observar todos los edificios.
Lo primero que visitamos es la Catedral de San Martín. Construida en 1452, esta catedral católica, aún en uso, ha desafiado exitosamente el paso del tiempo. Dedica un tiempo a su interior para maravillarte con los vitrales góticos y el majestuoso órgano. Este lugar ha sido testigo de la coronación de once monarcas húngaros y ocho reinas. Luego, sigue el recorrido de las coronas de bronce incrustadas en las calles de Bratislava, en un auténtico paseo procesional. Cabe señalar que Bratislava fue en su momento la capital del Imperio húngaro, razón por la cual la cúspide de la catedral ostenta una corona en lugar de una cruz. Se encuentra justo debajo del castillo.
Andando nos acercamos a la Plaza Mayor o Hlavne Namestie, es la zona principal de la ciudad en la que los locales se juntan a realizar celebraciones o en Navidad se ponen los puestecitos navideños. Esta plaza anteriormente de llamó Plaza de Hitler y, cuando se cambió de bando, pasó a denominarse Plaza 4 de abril. En el corazón de la plaza encontrarás la Fuente de Maximiliano, erigida en honor al primer emperador coronado en esta ciudad.
Además, en uno de sus bancos, encontrarás una estatua de uno de los soldados de Napoleón apoyado en el respaldo. Bratislava está llena de estatuas muy curiosas, si sigues andando, al lado de una cafetería muy conocida, te toparás con la estatua de Schoner Naci. Dicen que era un hombre que a pesar de que no tenía mucho dinero, siempre iba impecable con frac, sombrero de copa, guantes y un bastón. Solía visitar las cafeterías de la ciudad y siempre saludaba muy amablemente a la gente que pasaba, por lo que se ganó la simpatía de los locales.
Una vez vista, pasamos a ver el Antiguo Ayuntamiento que actualmente es el Museo de la Ciudad de Bratislava. Puedes subir a su torre por 3€ y tendrás unas vistas bastante decentes de toda la ciudad. Una vez visitado, pasamos por el Palacio Primacial, el palacio en el que trabaja el alcalde de Bratislava.
A dos calles nos paramos a observar la Puerta de San Miguel desde fuera. Tiene siete pisos que subimos para observar de nuevo las vistas de la ciudad desde otro ángulo. Esta puerta la puedes cruzar y encontrarás en el suelo placas que indican la distancia de Bratislava a otras capitales del mundo. La Puerta de San Miguel, integrante de la previa muralla que circundaba la urbe, fue edificada durante el siglo XIV. Desde aquel entonces, ha perdurado como uno de los accesos principales al casco histórico. Su imponente torre relojera la convierte, asimismo, en un ícono emblemático de la ciudad.
Por último, antes de irnos a comer, visitamos la estatua de Cumil. Es una de las estatuas más famosas de Bratislava, y eso que la ciudad tiene unas cuantas muy curiosas. Según dicen, la estatua representa a un trabajador echando un vistazo a las calles llenas de gente. También se dice que podría estar mirando debajo de las faldas de las turistas. Se sitúa en la esquina de las calles Panská y Laurinská.
Nos paramos a comer en Divny Janko, un sitio de comida tradicional muy rico y muy barato. Pedimos el goulash, una hamburguesa y una especie de arroz con remolacha, todo estaba muy bueno y a muy buen precio.
Una vez terminados de comer, decidimos poner rumbo al Castillo de Hrad. Este castillo ha sufrido muchas idas y venidas, y después de un incendio que acabó con él se decidió volver a construirlo. Tiene unas vistas preciosas ya que se encuentra en una colina que da al Danubio y en la actualidad es el emblema de la ciudad. Dentro de él encontrarás el Museo Nacional Eslovaco.
El precio de la entrada es de 10€ la general y 4€ para estudiantes y jubilados. Fíjate bien en los horarios tanto del Castillo que abre de 9:00 a 17:00 como del Jardín Barroco que abre a las 9:00 y cierra según el mes en el que lo visites.
Después de pasar la tarde, nos fuimos a comer una crepe a Pan Cakes-Creperie donde nos tomamos un café con leche y dos crepes, una de Kinder Bueno y otra de Queso con crema agria. El sitio está muy bien y cada crepe está sobre los 2€, muy baratas.
Estuvimos un rato en la crepería hablando y nos volvimos al alojamiento para descansar.
Día 2 en Bratislava
El día comienza con un café con leche para llevar y muchas ganas de ver lo que nos queda de la ciudad. Nos acercamos a ver la Iglesia Azul de Santa Isabel de Hungría, una iglesia que nos trae muchos recuerdos de Kiev. Se sitúa en la calle Bezručova y está construida por Ödön Lechner, el Gaudí de Hungría. Su horario de visita es de lunes a sábado de 6:30 a 7:30 y de 17:30 a 19:00 y los domingos de 7:30 a 12:00 y de 17:30 a 19:00.
Andando nos acercamos al Palacio de Grasalkovicov, la sede del Presidente del país. Cuenta con unos jardines muy bonitos abiertos al público.
Bajamos por sus calles durante un cuarto de hora para visitar la Plaza Hviezdoslav, dedicada a Pavol Országh Hviezdoslav, poeta eslovaco y del que encontrarás una estatua mientras caminas por su paseo.
Por último, calentamos las piernas para subir al Slavín, el monumento y cementerio militar en homenaje a los soldados del ejército soviético. Para subir podrás hacerlo en taxi o andando, nosotros escogimos andando, y tendrás que subir una buena escalinata mientras paseas por un barrio de embajadas y casas muy lujosas.
Para mí, fue lo que más me impresionó de la ciudad, el monumento es muy grande y señorial y se respiraba un ambiente muy respetuoso. Si vas a Bratislava, aunque sea un día, no puedes dejar de visitar el Slavín.
Nosotros terminamos la ruta por la ciudad aquí ya que teníamos que coger un tren a Budapest, pero todavía hay varias cosas que podrás hacer en la ciudad si tienes más tiempo como por ejemplo pasearte por el Old Market Hall, mercado de agricultores que se monta los sábados por la mañana, subir al UFO y tomarte algo en su restaurante con unas vistas 360º de la ciudad y podrás ver a la vez Hungría, Austria y Eslovaquia.
Si eres más de museos, puedes pasarte por el Museo de Arte Moderno Danubiana o el Gallery Multium, con espejos para hacerte unas fotos de lo más curiosas.
Por último, no olvides probar sus heladerías, nosotros fuimos en octubre y ya hacía frío para que nos apeteciera un helado, pero te recomendamos la heladería Luculus, que tiene uno de los mejores helados de Bratislava y a un precio de 1,50€ el cucurucho con una bola, o la heladería Andersen, que tiene un precio de 2€ la bola.